Introducción
El
trastorno del espectro autista es una alteración del desarrollo neural que se refleja en modificaciones significativas de
la conducta infantil.
A la
fecha, la detección del autismo aún carece de pruebas de laboratorio precisas para su confirmación, por lo que el
diagnóstico concluyente
se obtiene después de la observación apropiada de cambios conductuales. Si bien el estudio observacional de la
conducta es una actividad
ampliamente utilizada en animales desde el siglo pasado, el análisis de la conducta en niños con autismo entró apenas en los
años recientes a
una fase
de consolidación. Esa es una de las razones por las que se explica el aparente crecimiento exponencial que se
observa actualmente
del trastorno, que en las estadísticas del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados
Unidos se ha llegado a
determinar la proporción de 1:68; esto es, un niño autista por cada 68 niños con desarrollo típico.
En la
versión más reciente del Manual
Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V), publicado por la
Asociación Psiquiátrica
Americana,
se describe al autismo como un
trastorno con amplio espectro de manifestaciones conductuales que incluyen
decremento en la interacción
social, decremento en las habilidades de comunicación verbal o respuestas inapropiadas durante la conversación,
manifestaciones de
conductas
repetitivas o estereotipadas, carencia de empatía para entablar relaciones afectivas y obsesiones inapropiadas sobre
objetos específicos.
Todo esto
acompañado de un complejo cognitivo que va desde altos niveles de inteligencia hasta severas alteraciones
intelectuales. Por ello, ahora
se reconoce al autismo como un abanico de manifestaciones agrupadas bajo el
concepto de Trastorno
del Espectro Autista o TEA.
Comorbilidad
en el autismo. En adición a las tres manifestaciones conductuales con las que
se reconoce el autismo (círculo azul), el trastorno es acompañado por otras
alteraciones neurales que se observan en mayor o menor proporción (círculos
grises). La ansiedad y el déficit de atención e hiperactividad son los de mayor
proporción de comorbilidad, mientras que las conductas obsesivas-compulsivas
son las de menor proporción de comorbilidad.
MODO DE INICIO
Según
los manuales, para un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA), los síntomas deben estar presentes en el periodo de
desarrollo temprano.
Mientras que la mayoría de niños
con TEA muestra síntomas
a los tres años de edad, las investigaciones actuales sugieren que los síntomas aparecen siguiendo tres patrones diferentes:

■
La manera más común de presentar síntomas es en el primer año de vida, tal y como fue descrito por Kanner.
■
El segundo modo de aparición, llamado regresión
en
el desarrollo o regresión autística, se manifiesta por una pérdida en habilidades
previamente adquiridas. La regresión entre niños con TEA puede ser definida generalmente como una
pérdida de habilidades sociales, de comunicación o motoras antes de los 36 meses. Algunos padres
relatan un desarrollo cercano a la normalidad, pero suele haber muestras de anormalidades en el
desarrollo antes de la
pérdida. Un creciente número de investigaciones sugieren que la regresión puede
afectar a una o a
varias áreas del desarrollo. Las áreas donde normalmente se da la pérdida son la social, la del lenguaje y la
motora; la pérdida cognitiva está todavía en discusión.
■ En el último modo de aparición,
el niño consigue avanzar a
través de los diferentes hitos del desarrollo seguido de un parón en el mismo.
Este patrón fue descrito por primera vez por Siperstein y Volkmar, los niños
de este grupo normalmente muestran
retrasos ligeros en el desarrollo hasta aproximadamente los dos años, es
entonces cuando experimentan un parón gradual o brusco en el desarrollo que restringe la
adquisición de futuras habilidades.
EDAD
DE INICIO Y DISCAPACIDAD ASOCIADA
Los TEA están presentes desde el
nacimiento, aunque la edad
en que los síntomas se hacen evidentes, varía de unos individuos a otros. En los casos típicos de autismo descritos por Kanner,
sobre todo cuando había retraso
en el desarrollo, los primeros signos eran evidentes en los dos primeros años
de vida. Sin embargo, el
reconocimiento de estos síntomas es más complicado cuando no existe déficit en
el desarrollo cognitivo y no hay
retrasos significativos en la adquisición del lenguaje. En estos casos la edad de detección es más tardía y suele coincidir con la
entrada del niño al colegio, donde tiene que hacer frente a mayor cantidad de demandas sociales.
INDICADORES
TEMPRANOS
La detección de niños en riesgo
en edades tempranas es
fundamental para una derivación a programas de atención temprana que aseguren
una intervención lo más
pronta e intensiva posible. La figura del pediatra
es fundamental en este cometido.
Es, por ello, necesario conocer las señales de alerta e indicadores tempranos
de los TEA.
Señales de alerta en TEA
Señales
de alerta
Inmediatas
·
No balbucea, no hace gestos (señalar, decir adiós con la mano) a los 12 meses
·
No dice palabras sencillas a los 18 meses
·
No dice frases espontáneas de dos palabras (no ecolálicas) a los 24 meses
·
Cualquier pérdida de habilidades del lenguaje o a nivel social a cualquier edad
Antes de los 12 meses
·
Poca frecuencia del uso de la mirada dirigida a personas
·
No muestra anticipación cuando va a ser cogido
·
Falta de interés en juegos interactivos simples como el “cucú-tras”
·
Falta de sonrisa social
·
Falta de ansiedad ante los extraños sobre los 9 meses
Después de los 12 meses
·
Menor contacto ocular
·
No responde a su nombre
·
No señala para pedir algo (protoimperativo)
·
No muestra objetos
·
Respuesta inusual ante estímulos auditivos
·
Falta de interés en juegos interactivos simples como el “cucú-tras”
·
No mira hacia donde otros señalan
·
Ausencia de imitación espontánea
·
Ausencia de balbuceo social/comunicativo como si conversara con el adulto
Entre los 18-24 meses
·
No señala con el dedo para compartir un interés (protodeclarativo)
·
Dificultades para seguir la mirada del adulto.
·
No mirar hacia donde otros señalan
·
Retraso en el desarrollo del lenguaje comprensivo y/o expresivo
·
Falta de juego funcional con juguetes o presencia de formas
repetitivas de juego con objetos
·
Ausencia de juego simbólico
·
Falta de interés en otros niños o hermanos
·
No suele mostrar objetos
·
No responde cuando se le llama
·
No imita ni repite gestos o acciones que otros hacen
·
Pocas expresiones para compartir afecto positivo
·
Antes usaba palabras, pero ahora no
BIBLIOGRAFÍA
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